Hay momentos en la vida en los que sientes que estás siempre cansada. Te levantas cansada, pasas el día haciendo cosas de aquí para allá y, aunque no haya ocurrido nada especialmente fuera de tu rutina, llegas a la noche sin energía. Y cuando por fin llega ese momento tan esperado en el que puedes descansar, descubres que no consigues desconectar del todo.
Entonces empiezan a rondarte preguntas como:
"¿Por qué estoy tan cansada si tampoco hago tanto?"
O:
"¿Por qué no puedo llegar a todo con más energía como hacen los demás?"
Si te has hecho estas preguntas alguna vez, es importante recordar que el cansancio no depende únicamente de cuánto haces físicamente. También nos agota aquello que pensamos, lo que sostenemos emocionalmente y la cantidad de recursos que empleamos intentando responder a todo.
Por eso, la fatiga emocional está muchas veces relacionada con la carga mental: con todas esas tareas invisibles que sostenemos sin que nadie las vea.
Es como tener un ordenador con cincuenta pestañas abiertas a la vez. Sigue funcionando, pero todo va más lento y requiere mucho más esfuerzo.
Cuando hacer una cosa implica muchas más
Porque hacer la cena no es solo hacer la cena. Es pensar qué has comido al mediodía para intentar mantener un menú equilibrado. Es comprobar si tienes los ingredientes. Ir a comprar si falta algo. Acordarte de descongelar con suficiente antelación. Calcular cuánto tardarás y cuánta energía te queda para prepararlo.
Y esto es solo un ejemplo de todas esas pequeñas decisiones que pueden ocupar espacio en nuestra cabeza a lo largo del día.
La carga mental y el agotamiento emocional también pueden estar relacionados con:
- Mantener preocupaciones constantemente en la cabeza
- Sentir que tienes que estar pendiente de todo
- Intentar cumplir las expectativas de los demás
- Tener dificultades para poner límites
- Exigirte hacerlo todo bien
- Anticipar continuamente lo que podría salir mal
- Sentir que no puedes permitirte parar
- Acumular pequeñas situaciones de estrés durante mucho tiempo
La mayoría de las veces no hay un único acontecimiento que explique la fatiga emocional. Es la acumulación de pequeñas y grandes demandas la que puede terminar superando los recursos disponibles.
Y entonces aparece esa sensación tan frustrante de estar agotada incluso cuando, desde fuera, parece que no has hecho nada especialmente exigente.
¿Por qué descansar no siempre es suficiente?
Puedes pasar una tarde entera en el sofá y seguir sintiendo la cabeza llena.
Puedes irte de vacaciones y tardar varios días en empezar a relajarte.
Puedes tener tiempo libre y utilizarlo para organizar cosas pendientes, contestar mensajes, pensar en problemas o anticipar todo lo que tendrás que hacer mañana.
Por eso, cuando hablamos de fatiga emocional, no solo tenemos que preguntarnos:
"¿Cuánto tiempo he descansado?"
También podemos preguntarnos:
"¿Cuánto tiempo paso en estado de alerta?"
"¿Cuántas tareas invisibles estoy cargando al mismo tiempo?"
Tu cabeza también consume energía. Preocuparte continuamente, darle vueltas a una conversación, anticipar posibles problemas, revisar mentalmente todo lo que tienes pendiente o intentar controlar cada detalle puede mantenerte en tensión durante mucho tiempo.
Aunque estés sentada en el sofá "sin hacer nada", tu mente puede seguir trabajando a toda velocidad.
Y así aparece esa sensación paradójica:
"Hoy no he hecho nada y, aun así, estoy agotada".
Porque el descanso físico y el descanso mental no siempre van de la mano.
¿Cómo saber si estás acumulando demasiado?
El agotamiento emocional no se manifiesta igual en todas las personas, pero hay algunas señales que pueden indicar que llevas demasiado tiempo sosteniendo más de lo que puedes:
- Sensación de cansancio persistente
- Irritabilidad
- Sensación de estar saturada
- Dificultad para concentrarte
- Olvidos frecuentes o sensación de tener peor memoria
- Sensación constante de no llegar a todo
- Dificultad para disfrutar de actividades que antes te gustaban
- Necesidad de estar haciendo algo constantemente
- Problemas para desconectar
- Alteraciones en el sueño
- Sensación de ir en piloto automático
Piensa en cuántas veces has sentido que algo que, en otro momento, no habría sido para tanto, acaba siendo la gota que colma el vaso.
No necesariamente porque esa situación sea especialmente grave, sino porque tus recursos ya estaban al límite.
Y esto nos lleva a otro aspecto importante del agotamiento: no siempre se trata de hacer demasiado. A veces también tiene que ver con sentir que tienes que hacerlo todo bien.
Cuando la autoexigencia también agota
El perfeccionismo puede contribuir enormemente al agotamiento emocional.
Cuando existe una necesidad constante de hacer las cosas correctamente, cada tarea puede convertirse en una fuente de evaluación.
No basta con hacerla. Tiene que estar bien hecha.
Y no basta con que esté bien. Podría estar mejor.
Esta forma de funcionar hace que incluso las actividades cotidianas puedan consumir mucha energía mental. Mientras haces una cosa, una parte de ti está valorando si lo estás haciendo suficientemente bien.
Aprender a identificar qué merece realmente tu esfuerzo y qué puede hacerse de una manera suficientemente buena puede ser una parte importante del proceso.
Porque no todo necesita el mismo nivel de exigencia.
¿Qué puedo hacer si me siento emocionalmente agotada?
No existe una solución mágica que alivie la fatiga emocional, reduzca la carga mental y haga desaparecer la necesidad de hacerlo todo perfecto. Pero sí hay algunos cambios que pueden ayudarte a empezar a cuidar tus recursos.
1. Identifica qué te está consumiendo
No pienses únicamente en las tareas que haces, pregúntate también: "¿Qué estoy sosteniendo mentalmente?"
A veces descubrirás que una parte importante de tu cansancio procede de preocupaciones, expectativas o responsabilidades invisibles.
2. Revisa tus exigencias
Pregúntate: "¿Qué pasaría si esto no lo hiciera perfecto?"
Y también: "¿Qué estoy haciendo porque realmente es importante y qué estoy haciendo porque siento que debería hacerlo?"
No se trata de dejar de esforzarte, sino de elegir mejor dónde merece la pena poner tu energía.
3. Practica el descanso sin productividad
Descansar no tiene que convertirse en otra tarea que hacer correctamente.
No necesitas aprovechar cada momento libre. A veces descansar significa simplemente no hacer nada durante un rato, sin sentir que deberías estar haciendo algo más útil.
4. Aprende a poner límites
Decir "no puedo", "ahora no" o "esto no me corresponde" puede resultar difícil, especialmente si estás acostumbrada a hacerte cargo de muchas cosas, pero poner límites también es una forma de cuidarte y de cuidar tus recursos.
5. Pide ayuda si la necesitas
El agotamiento emocional puede aparecer en contextos muy diferentes y no siempre podemos resolverlo únicamente cambiando nuestra rutina.
Si llevas tiempo sintiéndote sobrepasada, irritable, desconectada o sin energía, hablar con un profesional puede ayudarte a comprender qué está ocurriendo y qué necesitas cambiar.
No necesitas estar al límite para pedir ayuda.
De hecho, una de las ideas que más dificulta dar el paso de buscar ayuda es pensar: "Bueno, si tampoco estoy tan mal".
Pero acudir a terapia no requiere llegar a un punto extremo. Puedes pedir ayuda simplemente porque llevas demasiado tiempo funcionando con el depósito en reserva y quieres aprender otra manera de hacerlo.
Si sientes que el estrés, la autoexigencia, la carga mental o la dificultad para desconectar están interfiriendo en tu bienestar, puedo acompañarte en este proceso.
Soy Graciela Salvador, Psicóloga General Sanitaria, y realizo sesiones de terapia online.